Jehová, Tú has sido nuestro refugio en todas las generaciones.
Antes que naciesen los montes, y formases la tierra y el mundo,
desde la eternidad y hasta la eternidad, Tú eres Dios. (Salmo 90:1–2)
Entonces los judíos le dijeron: “Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?”
Jesús les dijo: “De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.” (Juan 8:56, 58)
¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis oír mi palabra. (Juan 8:43)
Hay personas que no pueden entender por más que escuchen el evangelio.
Hay personas que no pueden escuchar verdaderamente por más que se les explique el evangelio.
Hay personas que no muestran ningún interés por más que lo oigan.
Hay personas que se enojan cuanto más escuchan el evangelio.
Hay personas para quienes el evangelio se convierte en una carga pesada, algo que desean evitar.
El mismo Creador se hizo hombre y estuvo delante de ellos,
mostrando milagros que solo el Creador podía hacer,
y aun cuando se les dijo que creyeran, no creyeron ni pudieron oír.
Son aquellos que rechazan la verdad de manera instintiva.
Jesucristo, quien existía antes de que Abraham naciera—Dios hecho carne—,
sin embargo, la humanidad crucificó al Creador, acusándolo de blasfemia.
Aún hoy, las personas dicen que Jesucristo es el Creador,
pero cuando se dice que Él es Jehová Dios hecho hombre, surge un alboroto.
Claman: “¿Cómo puede Jesús ser Dios Padre? ¿No es Él Dios Hijo?”
Y, sin embargo, insisten sutilmente en que es uno.
Lo que las criaturas siguen haciendo incluso ahora
es negarse a reconocer a Jesucristo como el Creador y Salvador, Jehová Dios.
Por eso esta palabra fue escrita en las Escrituras:
“Porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.” (Juan 8:24)
Todo aquel que cree que Jesucristo es Jehová
se convierte en testigo de Jesús y testigo de la resurrección.
Él es el único Dios, digno de alabanza desde la eternidad hasta la eternidad. ¡Aleluya!