Jesús sabía desde pequeño que Él era el Hijo de Dios.
No, hay registros que indican que lo sabía incluso desde el vientre de su madre.
Sin embargo, al considerar la Biblia en su conjunto, vemos que Su espíritu estaba en perfecta unión con Dios,
a tal grado que podía decir: Yo soy tú y tú eres yo.
En los comentarios de un video titulado
“¿Puede el Jesús histórico ser objeto de fe?” (lectura de Meeting Jesus de Marcus Borg),
encontré un alma y le compartí la Palabra de Dios.
(Is 9:6; Jn 5:46; Lc 24:27; Ex 34:5; Is 45:18; Jn 1:3; Ap 22:16; Is 43:10-11;
Is 44:24; Jn 8:24; Hch 2:21)
El engaño persistente de Satanás, el diablo, que aun después de ser
soltado tras estar encerrado mil años en el abismo continúa engañando,
el príncipe de la potestad del aire, hoy también sigue engañando así a las almas de esta tierra.
Cuando hablo en lenguas en la vida cotidiana, siento temblor,
pero cuando me siento y me concentro, el estremecimiento es aún mayor.
Si uno se entrena también en lo diario, ¿no se sentirá esa comunicación?
Estoy pidiendo el don de interpretación.
Oro para que, por la gracia del Señor, al escuchar la oración del espíritu,
yo también pueda suplir las necesidades de otras almas.
Hay algo extraño y terrible que acontece en esta tierra.
Los profetas profetizan mentira, los sacerdotes gobiernan por su propia autoridad,
y a mi pueblo le gusta que así sea.
¿Qué haréis finalmente? (Jer 5:30–31)
Dicen a los videntes: “No veáis”,
y a los profetas: “No nos habléis lo recto; decidnos cosas halagadoras, profetizad engaños.
Apartaos del camino, desviaos de la senda,
quitad de delante de nosotros al Santo de Israel”. (Is 30:10–11)
Yehowah es el Creador y nuestro Padre eterno.
Ese mismo Dios vino como un niño
y nos rescató del pecado y de la muerte por medio de la resurrección.
Este es el evangelio que Dios ha establecido. ¡Aleluya!