Bienaventurados los que guardan los mandamientos de Dios,
porque tienen derecho al árbol de la vida y pueden entrar por las puertas a la ciudad.
Pero fuera están los perros, los hechiceros, los fornicarios, los homicidas,
los idólatras y todo aquel que ama y practica la mentira.
(Apocalipsis 22:14–15)
También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos.
Porque habrá hombres amadores de sí mismos, amadores del dinero, jactanciosos, soberbios,
blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural,
implacables, calumniadores, sin dominio propio, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos,
infatuados, amadores de los placeres más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán su poder.
A éstos evita. (2 Timoteo 3:1–5)
Lo más bueno y precioso es el evangelio.
Sin embargo, las personas desprecian el hecho de que Jesucristo es Jehová.
Dios nos dice que nos apartemos de tales personas.
¿Podría significar sacudir el polvo de nuestros pies?
Amando los placeres más que a Dios,
las personas cambian los placeres visibles por el Dios que da la vida eterna.
El evangelio es la noticia más bendita, pero para algunos es fragancia de vida, y para otros, fragancia de muerte.
La inconmensurable gracia de Jehová, quien se hizo hombre,
ofreció su propio cuerpo como sacrificio para darnos vida eterna,
y mediante su resurrección nos concedió vida eterna.
Este es el día en que oímos la palabra que nos dice que nos apartemos de aquellos que desprecian este amor sin límites.
El evangelio, dado como un regalo por el glorioso Dios que es mayor que todas las cosas,
es el amor del Padre, que es vida eterna.
Jesucristo es “Jehová es salvación”. ¡Aleluya!